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  • Pablo Eisbruch

Pedagogía del vínculo


“El aprendizaje grupal es un proceso de cambio conjunto en el que el aprendizaje individual es resultante del interjuego dinámico de los miembros, la tarea, la técnica, los contenidos. Tiene lugar por la interacción, por la mediación del grupo y de cada miembro para el resto comunicación intra-grupal.” (Souto, Marta)




Los vínculos son esenciales en el clima escolar. Es importante pensar en una escuela en dónde todos sus actores se vinculen de forma sana y funcional, teniendo en cuenta el impacto que genera en los directores, coordinadores, docentes, niños/as y familias.


¿A qué llamamos vínculo?

Desde la psicología social, debemos entender al vínculo como una relación que posee bidireccionalidad y emocionalidad. Es importante distinguir cuando nos relacionamos con un objeto o una persona a cuando tenemos un vínculo. Podemos relacionarnos con alguien dentro de un colectivo, pero no necesariamente se genera un vínculo, ya que para ello se necesita un grado de emocionalidad alto.

En general, cuando se comienza una relación con alguien es porque o bien me ofrece algo que puede ser objeto de mi curiosidad o por el interés en compartir algo. Cuando en esa relación empiezan a aparecer otras variables, se genera un vínculo que nos interpela y nos enriquece.

A partir de ese momento, las emociones empiezan a jugar un papel fundamental para desarrollar el vínculo. Me propongo a reflexionar sobre ello, teniendo en cuenta cuando se impacta directamente los procesos de enseñanza y aprendizaje..


¿Cuál es su importancia en ambos procesos?

Desde el momento en que nos paramos frente a un grupo de estudiantes, comenzamos a relacionarnos, fundamentalmente por el espacio compartido. El desafío es desarrollar un vínculo con ellos.

David Ausubel hablaba de las condiciones que se requieren para que se efectúe un aprendizaje significativo. Una de ellas es la disposición subjetiva para el mismo. Se requiere de una actitud positiva para construir sobre la estructura cognitiva existente, entre otras cosas.

Creo que parte de la tarea docente es construir un vínculo saludable con nuestros alumnos, ya que eso va a permitir un grado de confianza y motivación clave para enseñar y aprender.

La importancia del vínculo radica en la posibilidad del docente de comprender a sus alumnos e identificar sus potencialidades a partir de una confianza construida a la par. De esta manera, el alumno potenciará sus habilidades socioemocionales para preguntar, compartir sensaciones y desarrollar la tolerancia a la frustración.

El docente, a su vez, le ofrece al alumno un vínculo particular con el saber. Si para el alumno, ese ofrecimiento cobra valor, generará interés necesario para continuar adelante.

La mejor forma de potenciar el deseo en ese vínculo es tener delante a un adulto que ama el saber. No todo depende del docente, pero su lugar es fundamental.


¿Cómo desarrollarlo?

Conocer las capacidades de nuestros alumnos, sin encasillar o estigmatizar, nos permite generar vínculos.

Es un gran desafío pensar la época en la que vivimos ya que el encuentro entre las personas es cada vez menos frecuente.

El deseo no se ordena sino que se cosecha o se provoca. Muchas veces nos terminamos “chocando” entre nosotros, en un intento desesperado de encuentro. La educación requiere de vínculos de confianza, comunicación, solidaridad, amor y comprensión.


Entonces, proponemos algunas formas de desarrollar el vínculo:

  1. Brindemos espacios, dentro de las horas cátedra, de conversación con nuestros alumnos. ¿Que sienten dentro del aula?¿Que les está pasando?¿Qué relación tienen con los contenidos que estoy presentando?

  2. Fomentemos estrategias de evaluación que desarrollen habilidades de conversación, escucha y creatividad. Es posible modificar algunos comportamientos clásicos de la escuela tradicional que fomentan la individualidad y la reproducción sistemática.

  3. Practiquemos el arte de escuchar. Una buena pregunta o re pregunta puede alcanzar grados altos de confianza y transparencia.

  4. Encuadremos los límites. Son importantes para el desarrollo de la subjetividad y hay que darle el lugar que merecen. Encuadrarlos en un tiempo, espacio y con tono de voz y gestualidad acorde.

  5. Apoyemos las iniciativas que vienen de parte de los niños/as. Desarrollarán su autoestima y construirán espacios de trabajo conjunto por fuera del aula.

  6. Trabajemos en equipo con nuestros colegas. Tengamos amplitud para escuchar nuevas propuestas, confianza para proponer, solidaridad para acompañar y valentía para afrontar conversaciones difíciles. Esto permitirá mayor coherencia y transparencia en nuestro día a día.


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