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  • Pablo Eisbruch

Reforma vs Innovación


¿Qué debemos cambiar? ¿Cómo? ¿Qué impacto tienen las nuevas tecnologías?¿Qué rol ocupa el docente?¿Qué estamos transmitiendo a los niños y niñas?

Si usted se siente identificado con estas preguntas, no significa que no sea original sino que son temáticas que ocuparán la agenda de la escuela por siempre. Justamente, por lo cambiante que es el mundo y lo poderosa que puede resultar la educación en las sociedades.


Quiero plantear un debate que puede ayudarnos a pensar nuestras prácticas teniendo en cuenta nuestra zona de influencia: Reforma vs Innovación.

Empecemos por definirlas. La primera se refiere a cuestiones más ligadas a la famosa “burocracia”. Para ser breves, hablamos de reformas cuando se realizan ajustes a los contenidos curriculares, a las lecturas obligatorias, la incorporación o exclusión de contenidos específicos o bien a definiciones acerca de los tratamientos sobre distintas disciplinas.

Hay mucha tela para cortar en cuanto al recorrido que tuvieron las distintas reformas, pero quisiera centrarme en nuestra capacidad vocacional.

Nos referimos a innovación cuando hablamos en términos más cercanos al director, coordinador, docente. Son aquellas cuestiones en las que uno “no siempre pide permiso”, pero afecta significativamente al nicho educativo y a lo que me propongo hacer dentro del aula o espacio físico donde se produce el acto pedagógico.

Creo que muchas veces proyectamos todo lo que no hacemos en las reformas, en lo que nos piden que hagamos y dejamos de lado nuestra capacidad de innovar. Esta última no requiere de mucho más que nuestra creatividad y ganas de involucrarnos con los niños y niñas. Para esto es fundamental ser consciente cuál es nuestra verdadera zona de influencia para actuar, y por supuesto, cuál podría ser la forma de que vaya creciendo.


Mi propuesta para inspirarnos a innovar es poder hacer el ejercicio de conocer a nuestros alumnos, de tal forma que podamos llegar a comprender cuáles son sus intereses y como usar eso para enseñar lo que creo que deben aprender. En algún punto, puede ser un camino para empezar a pensar el acto pedagógico como un espacio dónde nos propongamos enseñar a pensar a los sujetos y no reproducir conocimientos que se transformen en aprendizajes memorísticos.


Los estudiantes demandan espacios creativos, que les generen desafíos, pensamientos laterales y nuevas formas de aprehensión. Es momento de que repensemos nuestras prácticas educativas, generando nuevas experiencias que permitan acercarnos a los niños y niñas, de tal forma que podamos centrar una educación basada en valores e intereses representativos para ellos.


La tarea no es fácil y el desafío es enorme, pero como en el fútbol, cuando uno tiene la pelota en sus pies, posee más aire, paciencia y estrategias para pensar las jugadas.

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